María Montessori observó que los niños pequeños observan a los grandes y les sirven como modelo, los grandes cuando se acostumbran aprenden a ayudar a los pequeños en lugar de querer dominarles.

Se percibe que los niños adoran ayudarse entre sí y que tienen más paciencia en cuanto a las explicaciones hechas a un compañero que un adulto.

La mezcla de edades es particularmente eficaz durante los trabajos en grupo en el que cada uno encuentra naturalmente su lugar.